Cambio de época

14/12/2015

La campaña electoral que afronta ya su recta final ha dejado más que patente cómo ha evolucionado el mundo de la comunicación. No estamos en una época de cambios, sino en un cambio de época. El mensaje circula por la red a velocidad de vértigo y su penetrabilidad en la población es mucho más sencilla, aunque no por ello los estrategas políticos tienen menos trabajo. Desde hace años comprendo más fácilmente las clases de Teoría de la Comunicación y la Información de don Esteban López-Escobar que tanto me costaba entender. Aquellas teorías son ya un hecho, las palpamos y las ponemos en práctica a diario. Hace años, sólo eran teorías para personas que vivían en una época completamente analógica. 

 

     Hoy día, las plataformas y los canales de comunicación son tan múltiples y variados que obligan a tener más recursos humanos a los estrategas para intentar tenerlo todo bajo control. Lejos queda aquello de hacer gestos al candidato durante el mitin para hacerle saber que el Telediario acaba de pinchar la señal en directo y que debía decir en ese momento lo más importante de su discurso. Ahora, con una buena estrategia lanzas el mensaje que quieras directamente al bolsillo del consumidor. Esta es la cara bonita. La fea, que no hay margen de error. Los usuarios, también de política, son cada vez más exigentes y no perdonan el más mínimo fallo. Conscientes del poder de la red, al menor despiste saben que tienen un gran altavoz que difunde el mensaje a toda velocidad y que en algunos casos puede tener duras consecuencias para el político o el comercio de turno. 

 

     Todos estos cambios han provocado que el mitin tradicional se cotice ya a la baja. Ya no se celebran en grandes recintos con 20.000 o 30.000 personas. Los aforos se han reducido considerablemente, por culpa o gracias a la tecnología, y los políticos buscan ahora los programas de televisión con mayor audiencia para trasladar su mensaje e intentar captar votos. Los espacios de Bertín Osborne, María Teresa Campos y Pablo Motos han sido ese oscuro objeto de deseo durante la campaña. Da igual si el presentador es más querido u odiado, si es más de derechas o de izquierdas o si te ha dado más o menos caña durante los últimos años. Es lo menos y si hay que mirar para otro lado, se mira. Es el medio para llegar de golpe a varios millones de personas y por ello todos los candidatos han querido aparecer en sus programas con la mejor de sus sonrisas y casi sentarse en el sofá de cada ciudadano y mostrar su lado más humano, contar sus historias más personas y mostrarse como alguien corriente de calle. Es la nueva forma de buscar votos. Es el cambio de época.

 

PD. Os dejo en este enlace un vídeo del profesor Jordi Rodríguez Virgili en el que reflexiona sobre la comunicación política en internet. 



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